Opinión

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Escuchar un discurso público es un acto donde podemos observar y escuchar a un mensajero entregando información relevante a una multitud interesada. Es algo cotidiano; lo hacemos siempre en cada paso de nuestra vida. Generalmente, vamos a escuchar un discurso cuando estamos aprendiendo en la escuela o nos invitan a una conferencia o mitin político. Pero el discurso público tiene unos ingredientes que lo caracterizan por llevarse a cabo en algún lugar y momento especial, ya sea en la calle o en las plazas públicas, en los medios de comunicación que, generalmente, reconocemos como canales legítimos para emitir la verdad. ¿Pero por qué escuchamos a una persona sí y a otras no? ¿Los influencers por qué se hicieron tan famosos? ¿Por emitir su opinión en redes sociales? ¿Qué tiene que ver el poder y el discurso público ¿Manipulan nuestra opinión?

El discurso público es un acto legítimo del poder y es emitido por la personalidad del emisor, siendo un funcionario público, un líder social o una institución de prestigio de un culto religioso. Esto nos permite obtener información veraz, capaz de proveer certeza para nuestras decisiones en lo personal y colectivo. Sin embargo, el poder puede engañar y mentir. Los ciudadanos deben tener información de calidad para la toma de decisiones claves para sus comunidades. La política ya no debe ejercerse en un campo de batalla, sino en formar individuos capaces de transformar espacios para el bien común.

En discursopublico.mx, nos interesa analizar este tipo de mensajes. Esto es un ejercicio democrático que ayuda a mejorar y mantener la calidad de nuestro sistema político, la democracia. El ejercer nuestros derechos políticos reconocidos en la Constitución Política proporciona al individuo e instituciones una oportunidad para crecer en lo colectivo, vivificar principalmente los artículos 6 y 7, «el derecho a nuestra libertad de expresión», que fomentan el debate y mejoran la calidad de nuestras ideas y acciones en beneficio del bien común; es nuestra misión institucional.

Este derecho humano permite elevar nuestra calidad de vida y nos permite cambiar los paradigmas. Sin embargo, en estos últimos años las redes sociales han sido un canal más para emitir mensajes de todo tipo, superando incluso a medios de comunicación tradicionales como la televisión o medios impresos como periódicos o revistas especializadas. El discurso público también ha sido debilitado por la corrupción de los servidores públicos en el ejercicio de sus funciones o por su falta de profesionalismo. Los ciudadanos debemos estar preparados para ser un contrapeso al poder. El poder que se obtiene en nuestro sistema político por las mayorías mediante el sufragio puede fácilmente excusarse por la legitimación del pueblo y no por la razón y la verdad. Un gobierno que no permite ser supervisado facilita a sus representantes manipular, mentir y, en el peor de los casos, reprimir a los que legitiman a esa autoridad. La sociedad y el poder son elementos importantísimos en nuestro sistema político y permiten generar la revolución de las ideas con las que cimientan el futuro de las próximas generaciones.

La sociedad como contrapeso del poder

Una ciudadanía que no está informada con la verdad no puede analizar, implementar y evaluar las políticas públicas de sus gobiernos. Esto debilita a la democracia y a la participación ciudadana en los asuntos públicos. La ciudadanía se forma con el pleno ejercicio de nuestros derechos y obligaciones, pero la calidad de la información en un sistema político que permite la libertad es indispensable para ejercer la participación efectiva en decisiones públicas. Evitar el autoritarismo es solo posible mediante la existencia de contrapesos al poder y, de no existir la resistencia, el poder se vuelve autoritaritario.

Un sistema democrático debe permitir la participación responsable, consciente y activa de la sociedad civil, junto con un estado de derecho e instituciones sólidas que garanticen un contrapeso al poder. Esto vivifica nuestro lema: “sociedad y poder”.

La sociedad no debe ser conformista, sino una plataforma legítima para acceder al poder. Aunque en un sistema democrático la forma tradicional para acceder al poder son los partidos políticos, también lo son los ciudadanos libres y capaces de transformar su realidad y no ser subordinados al poder hegemónico.

También, nos sumamos a la transformación del espíritu, de crear conciencia de ¿quiénes somos? y ¿quiénes queremos ser? para caminar con conciencia y transformar al mundo en un lugar mejor, con el poder de nuestras acciones, hacia el bien.

Somos sociedad en acción.