El pueblo humillado por un sirviente
Diga lo que diga la presidenta, y aun cuando ella lo exprese, sus palabras denigran todavía más a la institución que indignamente representa Hugo Aguilar Ortiz. No solo ha denigrado al pueblo y a la institución que encabeza, sino también al Foro Nacional de Abogados, a través de su espectacular y mezquina conducta.
Resulta particularmente grave lo ocurrido en un acto público en el que una dama—independientemente de ser subordinada—, por su sola condición de mujer, jamás debió haber sido sometida a semejante humillación, al inclinarse a sus pies para limpiarle el calzado. Lejos de impedirlo, el personaje en cuestión, sin el más elemental sentido de educación, respeto al género o actitud varonil, se permitió supervisar que dicha acción se realizara «adecuadamente». A ello se suma la gravedad de haber permitido que un caballero igualmente descendiera a sus pies para limpiar la parte posterior de su calzado, sin que tampoco mostrara oposición alguna.
Para colmo, este hecho ocurre en una fecha profundamente memorable para todos los mexicanos: el 5 de febrero, aniversario de la promulgación de la Constitución de 1917, que en su momento fue un ejemplo universal. Hoy, esa herencia ha sido vulnerada por el actual Congreso de la Unión, con una mayoría descalificada —aunque legalmente calificada—, condición otorgada por mercenarios que negociaron su libertad frente a órdenes de aprehensión vigentes, con la complicidad del gobierno veracruzano.
Todo ello ha derivado en la promulgación de reformas que violentan los derechos humanos consagrados en el artículo primero de la Constitución que aún nos rige, pese al grave deterioro que ya ha sufrido. Las disposiciones relativas al Poder Judicial, de semejante trascendencia, han dañado a todos los estados de la República, generando una grave ingobernabilidad que ha trascendido fronteras y ha terminado por vaciar de contenido la tan llevada y traída soberanía de la que habla la presidenta.
Volviendo a la denostada conducta de Hugo Aguilar Ortiz, presidente de la Suprema Corte, cabe esperar que su título y cédula profesional no sean de los que expide la llamada Universidad de Santo Domingo de la Ciudad de México, conocida por otorgar todo tipo de documentos. Me atrevo a afirmar que, desde donde se encuentre, el Benemérito de las Américas —orgullosamente oaxaqueño, pero también probó, caballero e ilustre— sigue siendo motivo de orgullo nacional, aun después de 200 años de su natalicio. Como presidente de la Suprema Corte, siempre la representó con sobriedad y dignidad, desde su indumentaria hasta su desempeño institucional, defendiendo la federación y la República, porque para él la patria lo valía; no así para Hugo Aguilar Ortiz, quien ha entregado la institución al Ejecutivo y al Legislativo en un acto de traición y humillación al pueblo, del cual se sirven, pero al que no sirven, por más que se repita lo contrario cada mañana.
Este hecho constituye una severa llamada de atención al Foro de Abogados de este país, para exigir el respeto total y absoluto a la Suprema Corte y, por ende, a una profesión que hoy padece una de las más graves denostaciones de su historia. Habrá que decirle al mundo que este indígena que hoy preside la Suprema Corte —producto de manipulaciones de un perverso político, expresidente de la República— se atreve a esto y más, obligando incluso a la Cámara de Senadores a contravenir las disposiciones de la presidenta, como ocurrió con el caso de la inútil presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la señora Piedra Ibarra.
Guadalajara, Jalisco.
Dr. Luis Octavio Cotero Bernal
Director del Observatorio Académico de Justicia y Seguridad Pública de la División de
Estudios jurídicos de la Universidad de Guadalajara y miembro del cuerpo académico.
UDG-CA-611, integrado, entre otros, por la Dra. Angélica Jesús Ceceña Altamirano, Dr.
Alfonso Partida Caballero, Dra. Alicia Livier Estrada Gutierrez con línea de investigación
Paradigmas de la justicia en México.
locb15@hotmail.com
